Lo que pones en tu escritorio y cómo lo organizas tiene un efecto directo en cómo se sienten tus ojos después de horas frente a una pantalla
Entender por qué
Mucha gente cree que el cansancio ocular es inevitable cuando se trabaja con ordenador. Pero la realidad es que la mayoría de los síntomas tienen causas concretas y corregibles: el monitor demasiado alto, la ventana de frente, el brillo excesivo, la falta de pausas.
Cuando se identifican esas causas y se corrigen, los ojos trabajan de una forma mucho más natural. No desaparece el esfuerzo visual por completo, pero sí se reduce de manera significativa, y eso se nota al final del día.
Esta guía se centra en los factores del entorno que más influyen y en cómo modificarlos de forma sencilla, sin necesidad de gastar dinero ni hacer cambios radicales en tu forma de trabajar.
Dos situaciones habituales. ¿En cuál te reconoces más?
Monitor de frente a la ventana: reflejos constantes que obligan a forzar la vista
Pantalla demasiado cerca y alta: cuello tenso y ojos constantemente hacia arriba
Brillo al máximo aunque la habitación esté bien iluminada
Sin pausas: horas seguidas mirando la pantalla sin apartar la vista
Resultado: ardor, dolor de cabeza y vista borrosa cada tarde
Luz natural entrando por el lateral: sin reflejos, ambiente agradable
Monitor a un brazo de distancia, borde superior al nivel de los ojos
Brillo ajustado a la luz de la habitación, tonos cálidos por la tarde
Pequeñas pausas visuales que evitan la acumulación de tensión ocular
Resultado: ojos cómodos, más energía y mejor concentración todo el día
Entre 50 y 70 cm de tus ojos, con el borde superior a la altura de la mirada o ligeramente por debajo. Con eso ya eliminás buena parte de la tensión cervical y ocular del día.
La ventana debe quedar a tu lado, nunca de frente ni detrás. Los reflejos que produce la luz directa sobre la pantalla son una de las causas más frecuentes de cansancio acumulado durante la jornada.
Por la mañana con buena luz, la pantalla puede estar más brillante. Por la tarde conviene bajarla. Muchos sistemas operativos ajustan esto de forma automática; si no, hazlo tú a mano cada vez que cambien las condiciones de luz.
Cada 20 minutos, mira a algo lejano durante 20 segundos. Es un gesto pequeño pero evita que la tensión se acumule sin control. Con una alarma o app de recordatorio no hay que pensar en ello.
Una silla mal regulada hace que la cabeza se incline hacia la pantalla o se eche hacia atrás, lo que cambia el ángulo de visión y obliga a los ojos a compensar. Ajustar la altura de la silla es tan importante como la del monitor.
Frente a la pantalla el ritmo de parpadeo cae mucho. Parpadear a propósito cada cierto tiempo hidrata la superficie del ojo y reduce la sequedad y el picor que tanta gente experimenta después de pocas horas de trabajo.